AHORA, CONSIDERÁ ESTE DATO:
(tomado de prensa española)

El gobierno español, por iniciativa de la Ministra de Medio Ambiente Cristina Narbona, ha cambiado el Código Técnico de la Edificación (CTE) a lo largo del 2005, obligando por esta normativa a la instalación de calentadores de agua solares tanto en las nuevas edificaciones como en aquellas recicladas. Esta obligación ya se está aplicando en diversas provincias españolas, algunas de las cuales poseen normativas similares locales ya vigentes. El Plan de Fomento de las Energías Renovables en España prevé la instalación de 4,5 millones de metros cuadrados de calentadores de aquí al 2010.
Luego de conocer esta información sobre España, es inevitable pensar si los calentadores solares podrían ayudar a superar la endémica crisis energética uruguaya, ese problema que va y viene, con el doble telón de fondo de los costos del petróleo en alza y la incertidumbre del suministro de gas natural.
VEAMOS:

Primero, el sol en España no es diferente del sol que llega a nuestro territorio. En términos promediales, la radiación horizontal por metro cuadrado, medida en Watts/m2 por año, registrada por investigadores serios en el Uruguay, es similar a la que se observa en España (ver cuadro adjunto)

Segundo, observando las tarifas actuales uruguayas por unidad de energía, la energía solar térmica compite muy bien y tiene un lugar ganado al lado del fuel oil, gas oil, gas natural, leña o la electricidad. Si se consideran además, como es debido, los costos ambientales y sociales que generan las fuentes energéticas convencionales, la competencia de la energía solar es aún mayor.
 Los amigos y amigas del sol, los consumidores pequeños, medianos y grandes de agua caliente en residencias, edificios, complejos, hoteles, clubes deportivos, piscinas, industrias, tambos, agroindustrias, tienen aquí una oferta a considerar.

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Fuentes: Ministerio de Medio Ambiente de España, Investigaciones publicadas.

 

Además, el Uruguay recibe, por habitante, una potencia solar que dobla la media mundial, y cuadriplica la potencia por habitante recibida por la Unión Europea y el Japón.

 

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Fuente: Julio Estol